LA COLONIA DE LA SUERTE!!!

La colonia de la suerte

 

En Latacunga provincia de Cotopaxi vive Isabel. Su sueño siempre fue ser una exitosa empresaria. Así que inició un pequeño negocio de comercialización de flores; la venta del primer mes, tan solo alcanzó para cubrir los gastos del local. Al segundo mes tuvo que hacer un pequeño préstamo a su madre para completar la renta; las cosas no marchaban bien. Preocupada porque su negocio no generaba ganancias, decidió visitar a Mercedes, una reconocida hechicera del lugar, y le dijo: – ¡mi negocio no va bien, necesito algo para la suerte!–. Después de escuchar las aspiraciones de Isabel, la hechicera le entregó un singular frasco de cristal con una exquisita fragancia, y exclamó: – Ésta es una colonia de la suerte, debes untarte todas las mañanas alrededor de tu cuello, tras tus orejas y en las manos; no dudes en buscar clientes, negociar con grandes y pequeños empresarios o cualquier persona, el olor los atraerá a ti. Eso si, jamás debes perder la fe de lo contrario el hechizo se desvanecerá y fracasarás; recuerda seguir fielmente todas mis instrucciones –.  Sí, señora Mercedes – respondió Isabel –, haré todo lo que me pide. Agradeció a Mercedes y muy contenta volvió a su negocio.

 

Pasaron las semanas, cada día, Isabel se untaba la colonia, siempre recordaba lo que la hechicera le había recomendado acerca de buscar clientes y no perder la fe. Seis meses después Isabel ya había logrado importantes contratos con un comerciante mayorista, estaba muy contenta. El negocio empezaba a generar utilidad. Al año, se le presentó la oportunidad de exportar flores a Estados Unidos. El pequeño negocio se convirtió en una gran empresa, para entonces, Isabel, transformada en una elegante empresaria. Decidió visitar a la hechicera y le dijo: – Estimada señora Mercedes, necesito más colonia de la suerte, me ha sido de gran ayuda y no quisiera perder todo lo que hasta ahora he logrado, la señora Mercedes sonrió y movió la cabeza dijo:

– Isabel, no necesitas una colonia de la suerte, tu esfuerzo, trabajo y dedicación lograron el éxito que ahora tienes; lo que en este tiempo te untaste no es más que una simple agua perfumada. Jamás hubo hechicería.

 

 

La suerte para el emprendedor de éxito no es más que una oportunidad bien aprovechada. Su amuleto es la fe, trabajo, esfuerzo, dedicación y actitud para enfrentar los retos que se le presenten. La suerte no es más que el reconocimiento al fruto de su éxito.

 

 

Ricardo Sánchez